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jueves, 13 de diciembre de 2012

Episodio 19 - Huellas Dolorosas Marcadas por los Dictados del Corazón

Hola a todos.

Por fin traigo el episodio 19 (vítores).

Estoy muy contenta con este episodio. Aunque no he puesto la mitad de las cosas que tenía pensado para este episodio porque se ha alargado mucho (risas).
Se podría decir que tengo medio episodio 20 hecho, jaja.

De todos modos, espero y deseo que mis lectores disfruten mucho de este episodio.
(sí, sé que el episodio es largo, pero mis lectores frecuentes acabarán diciendo que es corto (?) xD (ahora para que me equivoque, lol))

¡Aquí va! (ah, os recuerdo que el botón 'Continua Leyendo' todavía no va. X_x, para leer, entrar en la entrada)

"En la sala de reuniones se encontraban Priscilla con Aurnia, Zinna y el resto de su partido junto a Ishaan, Kalos y Ardal.
– ¿Y qué es lo que vamos a hacer? –preguntó uno de los hombres del bando de Priscilla.
– Deberíamos tirar adelante y celebrar de una vez las elecciones. –propuso Ishaan.
– Pero Lord Ishaan Valmiki, –prosiguió otro. – ¿cómo vamos a celebrarlo prescindiendo de la Ciudad de Wilnom?
– Eso. –dijo otro. – Su único ministro que tomó el mando tras la traición de Lord Ryoma está ahora en paradero desconocido y nos llegó un escrito oficial de Lord Ryoma anunciando que él seguiría siendo alcalde de su ciudad y que todos los ciudadanos están con él y los rebeldes.
– En cuanto a los rebeldes es cuestión de tiempo sacarlos, no sólo son rebeldes buscados también por Galyen sino que además son okupas. –explicaba Ishaan. – En cuanto a Wilnom, si están en contra de Tyrian hay que obligarle a Lord Ryoma que dimita, no me importa cómo y concienciar a todos que no pueden ir en contra de su propio país…
– Corrijo, Lord Ishaan. –le cortó Priscilla sin perder las formas. – Wilnom entera está en contra de usted por querer tomar la ciudad ¿no se da cuenta? Al haber llevado también de mis soldados, seguramente también estén en contra de Helraxe. No es de extrañar que estén del lado de los rebeldes, quienes les ayudaron. Y como ya le dije en su día, tomar una ciudad no es modo para ‘convencerles’ de que se unan a nuestro programa.
– De acuerdo. Admito mi error. –expresó uniendo sus manos. – El caso es que sin Wilnom no hay elecciones ¿verdad? –todos asintieron. – Pues propongo escribirles una carta disculpándome por todo y así hacer las paces. ¿Cómo lo veis? Sé que es una situación delicada porque además está el asunto de los rebeldes, y no voy a entrar en detalles de que aunque hagamos las paces con Wilnom, Lord Ryoma sigue siendo un felón. Y sé que políticamente a vosotros os va bien que esto se retrase, al fin y al cabo tendréis más tiempo para seguir mandando pero también más presión por parte de todos con tal de que se haga la celebración. Yo admito que también quiero salir elegido, pero es más ya de cara a los ciudadanos. Espero que no se me malinterpreta.
– Tenéis razón, Lord Ishaan. De cualquier forma deberíamos esperar su respuesta y depende de cuál sea ya pensaremos cómo obrar.
Dando la reunión por finalizada, Ishaan junto a sus dos soldados, salieron de la sala. El alcalde de Noroend iba en cabeza y sin detenerse, Kalos, quien llevaba un tiempo con dudas, le preguntó:
– Disculpadme, Lord Ishaan Valmiki.
– ¿Sí?
– ¿Qué hubiera sucedido si hubiera conseguido tomar la Ciudad de Wilnom?
– No hubiera pasado nada de lo que arrepentirse, pues estaría uniendo más a este país y no hay nada de malo en ello ¿verdad? –parecía que con sus palabras quería tranquilizarle pero con sus fríos ojos mirándole sobre el hombro hicieron un efecto contrario.
Kalos se quedó quieto y Ardal se detuvo junto a él mientras Ishaan continuó su camino murmurando a disgusto por el hecho de tener que intentar hacer las paces con Wilnom para continuar con sus planes.
– ¿Qué es lo que te ocurre? –preguntó Ardal a su amigo.
– ¿Eh?
– Nosotros no solemos preguntar nada de este tipo de cosas a Lord Ishaan Valmiki…
– Ya… Quizá es por eso…
Sin terminar la frase, quedó pensativo y siguió los pasos de su señor dejando a Ardal algo preocupado.

Borja permanecía una vez más en sus aposentos, sentado y moviendo su pierna derecha. Estaba nervioso pero aquello curiosamente le ayudaba a calmarse y a pensar mejor.
– Querido Fernan, dime ¿qué hay de Jasón y Alaya?
Fernan, al otro lado del cuarto, al lado de la puerta, respondió:
– Están de camino hacia el destino que les marqué. Y si cualquier cosa sucediera, les dejé bien claro que nos lo hicieran comunicar en cuanto antes. Además, él llegó esta mañana con el resto de soldados dispuesto a luchar en cuanto se le dé la orden.
– ¿Esta mañana? ¿Cómo es que no está aquí?
– Somos muchos los invitados en la capital de Helraxe, así que se han quedado por la montaña Dhenfiur aquí al lado de la ciudad. Si desea verlo en cualquier momento sólo ha de pedírmelo e iré a buscarlo.
– Está bien. –Borja se levantó y tomó unos pergaminos que le dio a Fernan. – Ten, haz que los envíen a Kwon Ryu y que se haga lo que hay escrito. No te olvides de dejar bien claro que el hecho de no gozar de mi presencia no significa que abandone mi puesto de rey y que si estoy en un sitio tan espantoso como éste es por esa dichosa runa verdadera… Parece que esto irá para largo, pero no puedo abandonar…


Y mientras en Helraxe se seguían empleando tejemanejes, en la biblioteca de Maral Maru estaba Sasarai bastante inquieto haciendo preocupar aún más a su fiel compañero David quien no paraba de recoger libros del suelo:
– ¡Señor Sasarai, ¿qué es lo que le ha dado así de repente?! Sabe que ésta no es forma de tratar los libros.
– No es así de repente, Dios. En Helraxe ya estuvimos mirando en su biblioteca y como no di con lo que quería, pregunté por más bibliotecas, siendo mandados aquí porque es la de Maral Maru la mayor de Tyrian. ¿O acaso no lo recuerdas?
– No me refiero a eso, señor, sino a que es la primera vez que lo veo así…
– A mí lo que me parece increíble es que nadie se haya puesto a indagar sobre esto. –decía al tiempo que miraba uno por uno cada libro. – Todo el mundo está pendiente del mundo político y parece que les dé igual ¡que un terreno de tierra se levante uniendo la isla del sur con el continente! Algún tipo de magia hay ahí pero en los libros de magia no dicen nada y en los de historia de Tyrian tampoco… Parece no haber nada… Quizá en Harmonia podría haber algo pero como es obvio no puedo volver por ahora.
– Y usted ha estado tan metido en este asunto que se ha olvidado que no deberíamos actuar por nuestra cuenta y mucho menos haber abandonado Helraxe sin mencionar nada al rey Borja… Seguramente, si se da cuenta…
– Sí, ya me inventaré algo y no te discuto nada, tienes toda la razón…  –le interrumpió algo más calmado. – Además ya estoy cansado por hoy. –estiró los brazos y se dispuso a marchar. – Así que estimado Dios, encárgate tú de recogerlo todo ¡y déjalo todo bien sino nos cantarán las cuarenta!
– ¡¿Qué?! ¡Un momento! ¡No puede hacerme esto, señor Sasarai! –pero él, haciendo que no escuchaba nada, salió de allí. – ¡Señor Sasarai!


El ambiente en el Castillo Dragón era muy animado y trabajaban duro dentro y fuera de él para que el frío no hiciera estragos de ningún tipo.
Tsuyo, cada vez más resuelta con muchas ganas de seguir reclutando y ayudar en el castillo, se dirigía rauda y veloz por uno de los pasillos siendo detenida repentinamente por el estratega:
– ¡Lady Tsuyo!
– ¡Yo! –dijo alzando la voz y poniendo atención.
– Tú… –a Kyohaku, antes de proseguir, se le escapó una sonrisa por aquella pequeña situación, pero no se pudo apreciar por el pañuelo que rodeaba su cuello y que en muchas ocasiones tapaba la boca. – Esta vez no os escapéis. Os necesitamos por un asunto de gran envergadura.
Ambos se dirigieron a una sala donde les esperaban Ryoma, Erkaitz y Taiki, quien básicamente hacía compañía a su hermano.
– Muy bien. –empezó el estratega. – Debemos hacer que este terreno, donde actualmente hacemos vida, sea nuestro de forma legal.
– ¿De forma legal? –se cuestionó Tsuyo. – ¿Y cómo se hace?
– Teniendo en cuenta que cogisteis un terreno abandonado, pese a pertenecer a Tyrian, lo habéis estado haciendo vuestro y en teoría sólo basta que quede plasmado en papel para tenerlo de forma legal y ser aprobado. –respondió Ryoma resumiendo dejando a Tsuyo prácticamente igual y Kyohaku decidió extenderse.
– Actualmente para Tyrian estamos aquí de forma ilegal; no simplemente somos los rebeldes sino que además hemos ocupado un terreno que oficialmente no nos pertenece y tienen todas las de ganar para echarnos en cualquier momento. Podríamos batallar para poder seguir aquí pero míralo de esta forma; míralo desde el punto de vista que recibirá el resto de ciudadanos del país. Aunque nosotros somos los mismos que queremos cambiar el mundo que nos rodea y los poderes de Tyrian y Galyen son los mismos que nos quieren sacar de aquí más por el hecho de ser los rebeldes, obviamente es muy distinto que los ciudadanos vean que el poder de Tyrian venga a nosotros a sacarnos de aquí por ocupar un sitio que no es nuestro; a que vean que el poder de Tyrian venga a nosotros por ser los rebeldes pero que legalmente podemos tener este terreno. ¿Captas el mensaje?
– Sí. Ya no es sólo algo para nosotros, sino también de cara a los demás ya que la imagen que demos también es importante.
– Exacto. Y para conseguir el terreno de forma legal más bien nos queda poco que hacer ya que gran parte ya lo hemos hecho, pues desde el primer día que os hicisteis con el castillo, se ha estado reconstruyendo, reformándolo, trabajando el campo, invirtiendo un dinero, viviendo aquí, haciéndolo nuestro y siendo un lugar en el que poco a poco viene más gente a quedarse siendo un terreno que oficialmente no tiene dueño alguno. Con todo esto tenemos suficiente. Simplemente debemos plasmar todos estos datos en una escritura pública y que el notario de la Ciudad de Wilnom dé fe de ello. Es totalmente legal y tendremos la seguridad de que nadie dude de su veracidad.
– ¿Y ya está?
– Y ya está. Además tenemos con nosotros a Lord Ryoma que además también firmará y lo aprobará. En teoría bastaría con lo que os he mencionado, sin embargo, como todos sabemos, es la gente de Helraxe quien está al mando en estos momentos y tememos que pese a la escritura pública, el poder político haga caso omiso y se invente cualquier cosa para sacarnos de forma ‘legal’ como por ejemplo querer destruir este castillo para levantar una ciudad o cosas por el estilo. Por esa razón me gustaría que el notario de Wilnom vaya también a Helraxe y de fe de esta escritura pública junto al notario de Helraxe, quien hará otro escrito y ambos sean aprobados por Lady Priscilla, quien se hará cargo por ser la alcaldesa de Helraxe y de Tyrian. Si ella nos apoya en esto, nadie podrá hacer nada.
– Disculpadme, señor Hikaru. –le llamó la atención Erkaitz quien tomaba nota de todo. – ¿Pero cómo vamos a hacer llegar tal escritura a Lady Priscilla? Sin contar a la gente de su mismo partido, están el Rey Borja con todos los suyos, con Harmonia e incluso Lord Ishaan Valmiki. Demasiada gente que podría interceptar cualquier carta, y si la leen estamos perdidos. Eso sin mencionar si el notario es descubierto y le ocurre algo junto a quienes le acompañen…
– Ahí está el problema… –suspiró Kyohaku. – Tenía pensado escribir una carta con limón para poder quedar con ella personalmente y firmar los papeles, pero para que Lady Priscilla pudiera leerlo, debería acercar el papel al fuego y para ello de un modo deberíamos hacérselo saber. Si la carta es interceptada, cualquier tipo de escrito extraño, con símbolos, o simplemente por ser de alguien que nadie conozca, se desharán de ella y puede que ni se le notifique nada a Lady Priscilla.
– Entonces estamos en un punto muerto. –comentó Taiki con algo de pesimismo sin embargo Ryoma recordó y vio esperanza:
– No del todo. Aún tenemos algo que probar.
Todos allí presentes dirigieron sus miradas hacia él, muy atentos:
– Si Lady Priscilla recibe una carta personal de alguien cercano a ella, deberían hacerle llegar la carta por la fuerza. Así que bastaría con que esa persona escriba una carta a Lady Priscilla sólo por un lado y nosotros por el lado contrario de la carta, escribir con limón.
– ¿Y quién sería ese alguien? –preguntó Erkaitz frunciendo el ceño.
– El señor Ragnor, primo de Lady Priscilla. Vive en una pequeña casa que reconstruyó cerca del Faro Ladh, al este de Wilnom. Sí, es reacio a las multitudes, así que normalmente está solo y no recibe visitas.
– ¿Uh? Es familiar de la alcaldesa de un país y ¿vive en una casa lejos de todo el mundo por el que se mueve ella? –a Taiki le extrañaba mucho aquello.
– Es un hombre que lleva muchos años lejos de ese mundo. No quiere saber nada de política aunque haya familia como Lady Priscilla metida en ello. Se ha apartado de todo para tener una vida tranquila y olvidarse de todo lo demás. Si os decantáis por esa opción, iré para guiar a Lady Tsuyo hasta allí pero estoy seguro que al señor Ragnor no le hará gracia siquiera verme a mí.
– Lord Ryoma… por lo que dice del señor Ragnor… ¿Está seguro de que nos ayudará en esta causa?
– En otras circunstancias probablemente no nos echaría una mano. Pero ahora contamos con Lady Tsuyo. –Ryoma clavó su mirada en la de Tsuyo. – El señor Ragnor es hijo de Sir Thiago, el hombre por el que vuestro padre Jerath dio la vida hará catorce años aproximadamente. No creo que se atreva a ignorarle.
Todos quedaron anonadados y Tsuyo no mencionó palabra aunque dentro de su cabeza era todo un torbellino.
– Bien, pues no sé a qué esperáis. –rompió Kyohaku el silencio haciendo que todos reaccionaran. – Lady Tsuyo, id cuanto antes a ver al señor Ragnor junto a Lord Ryoma mientras Erkaitz y yo hacemos la escritura.
Taiki se unió a su amiga y los tres decidieron partir al poco rato después de aquella conversación.


Durante el camino hacia los alrededores del Faro Ladh, Tsuyo se mantenía mayormente callada, rumiando, prestando poca atención a su alrededor pendiente de cuánto faltaba para llegar.
– Imagino que no podéis parar de pensar en el señor Ragnor ¿verdad? –afirmó Ryoma a Tsuyo montado sobre su caballo.
– Son muchas cosas…
– No tenéis porqué contarme nada si no queréis. Sigamos, ya queda poco.
Esa misma tarde, al lado del mar y divisando no muy lejos el faro, llegaron a una pequeña casa cercada con una simple valla de madera. Pegado a ella había un huerto también cercado.
Bajaron de los caballos y Ryoma se adelantó, pasando la cerca y picó en la puerta una vez plantado delante de ella.
La puerta se abrió un poco y enseguida se pudo escuchar la voz de un hombre, algo grave con entonación de desagrado:
– ¿Es usted, Lord Ryoma? ¡¿Qué hace aquí?! No recuerdo haberle invitado.
– Perdóneme por estas faltas, señor Ragnor, pero no habría venido si no fuera de veras algo trascendental.
– Ya sabe que los problemas sobre política no me interesan ni quiero inmiscuirme en ellos, mucho menos ayudar a gente que forme parte de ese entorno. –Ragnor estuvo dispuesto a cerrarle la puerta y a dar por finalizada la visita, pero Ryoma con su mano impidió que la cerrase.
– Os lo ruego, señor Ragnor. Por lo menos háganos el favor de escucharnos.
– ¿Por qué habla en plural? –se preguntó inquieto asomando la cabeza por la puerta viendo así a los dos jóvenes Goei. – Vaya, ¿otros guardaespaldas? –dijo burlonamente.
– No. El chico es Taiki y un gran amigo de Lady Tsuyo, líder del Ejército Fénix, a quien sirvo actualmente. Además ella, señor Ragnor, es hija del mismo Jerath.
Ragnor no daba crédito con lo que acababa de escuchar. No sabía por dónde empezar a hacer preguntas no obstante, su rostro malhumorado cambió y les hizo entrar a los tres.
Dentro tomaron asiento en unas sillas alrededor de una mesa redonda donde Ragnor, muy amablemente, les ofreció una infusión de romero mientras escuchaba atentamente la historia de Tsuyo y cómo llegó hasta allí.
– Vaya, sí que me he perdido cosas. –comentó dejando su vaso sobre la mesa. – Supongo que es lo que ocurre cuando desconectas de todo… Sin embargo tendréis que perdonarme por negarme a escribir la carta a Priscilla. –enseguida notó cómo se sobrecogieron por aquello. – No es vuestra culpa, pero yo me retiré de todo esto por una serie de acontecimientos que me hicieron cambiar. No importa lo que se intente hacer porque no servirá de nada, y si eres muy insistente aún la toman contigo de la peor manera que te puedas imaginar. No me apetece colaborar de ninguna manera porque no quiero tener problemas de ningún tipo. De hecho todos deberían haberme olvidado ya. A mi modo aprendí que la mejor opción, viendo que cualquier tipo de lucha no sirve, es conformarse con lo que hay y aguantar como buenamente uno pueda porque es lo que hay. Ya vendrán tiempos mejores. Lo siento de veras.
Todos quedaron allí sentados sin saber qué decir, qué hacer; ni siquiera dar el primer paso para despedirse y marcharse. Tsuyo no quería marcharse sin antes poder hablar con el primo de Priscilla y reaccionó justo en el momento en el que le pareció que Ryoma se iba a levantar.
– Perdone, señor Ragnor. Quizá es una pregunta un tanto estúpida ya que doy por hecho que conocerá toda la historia sobre nuestros padres.
– Claro que la conozco, además yo estuve allí. ¿Es que acaso a ti no te contaron nada?
– No… Mi hermana Saya me hablaba de mi padre y lo buena gente que era, pero nunca me habló de aquel suceso… Y gracias a una periodista supe que mi padre dio su vida para salvar a la de un tyrianense… Pero no se explica con detalle, ni siquiera se mencionaba que el tyrianense fuera Sir Thiago como alguien importante a quien tener en cuenta, simplemente un tyrianense que vino de viaje a Galyen y usó una runa. Mi padre por defenderle fue tachado de traidor… Nada más…
Al señor Ragnor se le escapó una leve sonrisa; no de que aquello le hiciera gracia, sino más bien rabia.
– Era de imaginar de que esconderían algo así y manipulen la información…
– Por eso… Antes de marcharnos ¿le importaría contarme la historia de lo que sucedió? Saber más sobre su padre, cómo llegó el mío a dar su vida por él… Se lo agradecería mucho…
Ragnor, con mirada triste, se acomodó y tomó aire:
– Está bien…
 


[Por aquel entonces, catorce años atrás, el padre de Priscilla, Lord Lachlan, era el alcalde de Helraxe, un puesto que consiguió gracias a su hermano, mi padre Thiago. Mi padre fue muy conocido en Tyrian ya que a sus veintidós años, hace exactamente cuarenta y nueve años atrás, junto a otros hombres, salvó a Tyrian de un vil autócrata que asesinó al rey que aquí había, haciéndose con todo el poder y gobernando largos años. Tras aquello, Tyrian empezó a ser una democracia en la que mi padre siempre estaba dispuesto a trabajar duro para que el país funcionase y tirase adelante. Más tarde introdujo a su hermano pequeño en este mundo para que también aprendiera y ocupara su lugar aunque él siempre estaría a su lado, como siempre, ayudando y estando atento de todo lo que pasaba.
Priscilla era una chica que empezaba a ser una mujer y debía asumir unas responsabilidades como hija de Lord Lachlan, pero todavía se comportaba como una niña que pensaba que todo a su alrededor iba viento en popa sin importar lo que sucediera. Bueno, así la veía yo, quizá simplemente era demasiado alegre y optimista… La cuestión es que mi padre, Priscilla y yo debíamos ir a Kiyang por asuntos internos que no se me hizo saber. Una vez allí, Priscilla muy emocionada no cesaba de hablar del reino de Galyen y tenía muchas ganas de ir a echar un vistazo por esas tierras pensando que no tendría otra oportunidad:
– Venga, Ragnor. ¿De verdad no te apetece dar una vuelta por poco que sea?
– No deberíamos. Además no hemos venido a Kiyang para divertirnos.   
– Oh, vamos. ¿Qué puede pasar? ¿No podemos siquiera visitar cualquier pueblo o ciudad que esté más cerca?
Cada vez que insistía, yo le negaba. Y aunque nos tuviéramos que quedar unos pocos días allí, imaginaba que no tendríamos tiempo para ir a visitar nada.
Una noche tras la cena, Priscilla y yo anduvimos paseando por el pueblo mientras charlábamos. Ella se separó unos metros de mí comentando una anécdota riéndose cuando de pronto y por sorpresa vi cómo unos hombres la cogían tapándole la boca al tiempo que yo recibía un fuerte golpe que me dejó inconsciente. Pude despertar al rato por las voces que pegaba mi padre bastante apurado. Le expliqué lo ocurrido y tras unas maldiciones que salieron de nuestras bocas nos pusimos a buscar a Priscilla.
Allí no estaba así que tuvimos que empezar a explorar por el interior de Galyen. Yo creí que lo más sensato habría sido hablarlo con Lord Lachlan, pero mi padre insistía en no hacerlo porque quizá el reino de Galyen no tenía nada que ver con eso directamente. Cuando llegamos a los alrededores de un pueblo boscoso denominado Boskatj, fue cuando conocimos a Jerath, un hombre de aspecto atlético, cabellos castaños y cortos, llamándome la atención una pequeña coleta un poco por encima de la nuca, y con una fina barba bien cuidada. Era muy abierto, siempre sonriendo y dispuesto a ayudar aunque tan sólo acabase de conocer a esas personas. Enseguida vino a nosotros dos y supo que no éramos de Galyen. Debió vernos muy apurados porque no cesaba de insistir en qué nos pasaba. Finalmente mi padre accedió a contar lo sucedido e incluso quiénes éramos y Jerath, muy serio, decidió ayudarnos y a encontrar personalmente a Priscilla. Nos contó que probablemente habría sido capturada por bandidos y que él era Goei cuyo trabajo era proteger a la gente. Hizo lo posible por tranquilizarnos y hacernos sentir lo más cómodos posible. Fue muy amable con nosotros. Nos invitó incluso a su hogar donde conocimos a su familia:
– Pasad, pasad. Como en vuestra casa. Dejad que os presente a mis pequeñas. Esta de aquí de seis añitos es Saya y en sus brazos lleva a Tsuyo, de apenas un año. Saludadles chicas, son unos invitados.
Seguidamente escuchamos toser en el piso de arriba y Jerath, disculpándose, subió mientras nos quedamos con las niñas esperando. Se veían igual de alegres que Jerath. Mi padre fue a Saya para hablar con ella poniéndose en cuclillas:
– Veo que sabes cuidar muy bien de tu hermanita.
– Es que últimamente tengo que estar mucho por ella y tengo que cuidarla.
– Oh, cuánta responsabilidad. ¿Y por qué?
– Porque mamá está malita.
Justo entonces Jerath asomó. Había escuchado aquella conversación y pese a todo fue capaz de reír y decir:
– Jaja, los niños siempre tan sinceros…
– Disculpa si me entrometo. –mi padre le miró con preocupación. – ¿Cómo está su mujer? ¿Qué le ocurre?
– Bueno… Lleva un tiempo que apenas sale de la cama. Pero no sé qué es lo que tiene…
– ¿Y no habéis acudido a ningún médico?
– En Galyen, depende de tu tipo de trabajo, tienes un tipo de médico al que acudir. El mío vino a visitarla y dijo que no sabía qué tenía. Que sólo aquellos de los que disponen los altos cargos podrían ayudarme, pero para ello necesito una buena suma de dinero.
Oír eso nos dejó consternados reflexionando cómo era posible que según tu oficio dependieras de médicos con más o menos experiencia, con más o menos conocimiento.
– No os apuréis. –nos dijo. – Voy ahorrando para ello. En fin, voy a ir a buscar a Lady Priscilla. Dejaré las niñas y a mi mujer a cargo de mis amigos.
Jerath nos recomendó ir a Kwon Ryu para así poder hablar con el Rey Thoelm VII con la esperanza que nos ayudara en el caso.
Así pues, ese mismo día partimos hacia allí y una vez tuvimos los pies en esas tierras nos fue difícil conseguir que nos dejaran hablar con el rey. Pudimos gracias a la intervención de un general llamado Arkabeko que nos guió hasta él pero no se mostró muy hospitalario con nosotros:
– ¿Quiénes sois y de dónde venís? –interpeló como si en realidad no quisiera escucharnos.
– Soy Thiago y él es mi hijo Ragnor. Venimos de Tyrian, Su Majestad.
– ¿Y qué hacéis aquí? ¿Qué es lo que quieren unos tyrianenses de Galyen?
– Verá… Fuimos a Kiyang a visitarlo y allí unos hombres se llevaron a mi sobrina Priscilla. Creo que podrían ser bandidos. Tengo entendido que en Galyen son muchos…
– ¿Y qué quiere que haga yo? –preguntó el rey molesto.
– Hemos venido aquí a pedirle ayuda, Su Majestad.
– ¿¡Ayudaros a encontrar una persona capturada por bandidos?! Lo siento pero no. Lo raro sería que siguiera con vida.
Y con las mismas se levantó y dejó el trono saliendo raudo y veloz de la sala.
– Perdonar al Rey Thoelm VII, –comunicó el general Arkabeko. – últimamente no está de buen humor. Si lo deseáis, podéis hospedaros aquí unos días. Aunque ahora se niegue, con este tipo de cosas siempre suele echar una mano.
Fueron sus palabras las que nos convencieron de quedarnos. E intentamos los siguientes días recibir de su ayuda pero seguía malhumorado y dándonos una negativa.
– Señor Arkabeko, siento mucho si somos una molestia, pero Su Majestad no cede. –decía mi padre. – Aunque es un detalle que no nos haya echado aún de aquí.
– Puede que en cierto modo comparta vuestro dolor. –contestó y fue entonces cuando nos contó que la familia real del Rey Thoelm VII había sido asesinada por un grupo de bandidos hacía muy poco y que tan sólo quedaban él, su hijo Neil y su sobrino Borja quienes solían permanecer a su lado con sus guardaespaldas.
– La diferencia, –continuó. – es que pudimos encontrar los cuerpos de su familia gracias al guardaespaldas del señorito Borja, quien le rescató de aquello. Pudimos saber qué pasó. En vuestro caso está esa incertidumbre, si de verdad fue raptada por bandidos, si sigue viva o no…
Cierto. No sabíamos nada desde hacía días y habíamos metido en aquello al buen hombre de Jerath del que tampoco sabíamos nada.
– Y el Rey Thoelm VII ante esa duda, y tal como está, prefiere darlo por perdido… De hecho está como ausente de todos los asuntos que debería tratar de Galyen, pero le entendemos. Todos hemos pensado que quizá distrayéndose podría animarse y empezar a volver a trabajar como rey, por eso hemos organizado un evento en el que haya actuaciones, música, y soldados combatiendo. Será dentro de poco así que si os interesa, asomaros por allí.
Estar en un evento así era lo último que queríamos. Estábamos muy preocupados por Priscilla, Jerath, incluso por Lord Lachlan que seguramente no tardaría en preguntarse por qué tardábamos tanto en llegar. ¿Pero qué otra cosa podíamos hacer?
El día del evento llegó. Como era de esperar había mucha gente y aquello era muy animado, pero la cara del rey no dejaba de mostrar amargura y a medio evento se levantó irritado deteniendo las actuaciones con estas palabras:
– ¡Basta! ¡Esto es muy aburrido! ¡¿Es que acaso no sabéis hacer nada mejor?!
Nadie supo qué decir pero mi padre, quien no cesaba de pensar en que el rey se sintiera mejor, vio una oportunidad y fue a dar la cara:
– ¡¿Qué haces tú aquí?! ¡¿Vas a osar a pedirme ayuda ahora?!
– Disculpad Su Majestad, pero en un día como hoy, ésas no son mis intenciones. Si no es mucho atrevimiento, me gustaría ofreceros un pequeño espectáculo que os pueda entretener.
– ¡¿TÚ?! ¿Y qué puedes ofrecernos?
– Algo distinto de lo que ha visto hasta ahora en este día, Su Majestad. Así que si me lo permite, os lo mostraré con mucho gusto.
El rey accedió y mi padre pidió que le trajeran unas telas. Una vez preparado se dispuso a actuar para él. El problema es que tampoco sabíamos que en Galyen tenían prohibido el uso de las runas y cuando mi padre hizo volar aquellas telas de forma muy elegante con su runa viento y los allí presentes vieron el dibujo de la runa, se escandalizaron e hizo exacerbar al rey cuyos ojos parecían estar inyectados de pura furia. Rápidamente los soldados lo cogieron, incluso a mí, por ser su hijo. El evento se suspendió y a base de golpes fuimos llevados al palacio donde en la sala del trono nos vimos las caras con el rey. Fuimos interrogados y fue cuando supimos la prohibición de las runas, pero por si fuera poco fuimos acusados de haber participado en el asesinato de la familia real, pues al parecer, los cuerpos que encontraron de los miembros de la familia real, aparte de tener heridas de arma blanca, tenían otras que sólo la magia las pudo causar. Un detalle que no mencionó el general Arkabeko quien nos miraba inquieto.
– Seguro que os habéis acercado a mí con la excusa de que os ayudara para encontrar una pobre chica pero en realidad queríais mi cabeza.
Por mucho que dijera mi padre, no era escuchado aunque tuvieron el detalle de ver si era verdad o no que yo no tenía ninguna runa como aseguraba mi padre. Y aunque el rey se empeñaba que de todas formas yo era cómplice por ser su hijo, mi padre logró convencerle y lo llevaron más cerca del rey discutiendo sobre el tema.
Por fortuna y por desgracia, fue en esos momentos cuando volvimos a ver a Jerath. Entró por la puerta haciendo molestar al rey ya que había entrado sin permiso, pero fue una gran alegría para nosotros ver además sana y salva a Priscilla que vino a mí, apurada, a darme un fuerte abrazo. Jerath se puso enseguida al día y a pesar del detalle de la runa que usó mi padre, nos defendió.
– Su Majestad, esta gente es completamente inocente. Si vinieron hasta aquí fue por la chica a la que afortunadamente no le ha pasado nada, salvo pequeñas heridas superficiales. Personalmente me encargué de esto al saber su historia y la encontré cerca de uno de los pueblos de la Llanura Wostjin, atada y vigilada por unos pocos bandidos. Sé que son inocentes.
– ¡Pamplinas! Seguro que todo era un plan de ellos. Sino ¿cómo explicas que a esta chica no le haya pasado nada? ¿Cómo explicas que mi familia tuviera señales de haber sido muerta por causa de la magia sabiendo que en Galyen está prohibida? Aquí no hay runas y sólo pueden llegar desde fuera ¿cómo lo explicas, eh?
– Yo lo siento mucho, Su Majestad, pero no toda la gente que cae en manos de bandidos acaba muerta. Además vinieron de fuera sin conocer nada de Galyen ¿creéis que si supieran sobre esta prohibición habrían sido tan imprudentes de hacer magia como espectáculo? ¿De verdad creéis que si ellos quieren vuestra cabeza hubieran actuado como simples viajeros en busca de un miembro de su familia? ¿No creéis que si quisieran mataros hubieran aprovechado cualquier otro momento que no fuera delante de toda la gente? ¿No veis que no tiene sentido?
– ¡¿Cómo osas?! ¡¿Te estás poniendo de su parte?! ¡Eres un vil traidor! ¡Cogedlo!
Otros soldados cogieron a Jerath que en ningún momento hizo esfuerzo alguno de escaparse y que firmemente seguía dirigiéndose al rey:
– Si fuera un traidor no habría sido tan incauto de presentarme y defenderles. ¿Es que no lo veis, Su Majestad? ¿No veis que toda esa tristeza por haber perdido a vuestra familia os está cegando y comiendo por dentro?
El rey pareció caer en la cuenta y en la sala reinó el silencio unos minutos muy tensos. El general Arkabeko intervino también:
– Rey Thoelm VII, todos sentimos lo sucedido pero lo que dice el Goei Jerath es cierto. Si de verdad fueran enemigos, han tenido muchas oportunidades estos días para ir a por usted.
Aquellas palabras debieron bastar pero al rey se le había metido entre ceja y ceja que mi padre había usado magia:
– Y si aún y así tuvierais razón, este hombre ha usado magia delante de mucha gente y todos saben que el usarla está penado con la muerte. ¡Este hombre debe ser castigado y que todos lo vean!
– Eso sería un craso error, Su Majestad. –anunció Jerath al tiempo que recibía un puñetazo por decir aquello.
– Estos aires que te llevas, simple Goei, me están empezando a cansar.
– Solamente lo hago para que todo salga bien. Este hombre no es un simple tyrianense, Su Majestad. Es Sir Thiago, hermano mayor de Lord Lachlan, gobernador actual de Tyrian. Supongo que sabrá lo que implicaría el acabar con la vida de Sir Thiago ¿verdad?
Nadie se esperó aquello. Como era de lógica, si algo le sucedía a mi padre, era muy probable que Galyen y Tyrian entrasen en guerra, pero el rey seguía en sus trece de que se debía castigarle por el uso de una runa:
– No puedo permitir que nadie salga impune. Independientemente de quién sea ese hombre. Si la gente ve que lo dejo escapar, no cesarán de hablar, y si ven que no soy duro con mis propias leyes, y una ley que lleva arraigada en este reino desde hace generaciones y generaciones, puede que empiecen a no tomarme en serio y el día menos pensado tendremos aquí un puñado de gente usando magia contra nosotros.
Para mí fue difícil comprender aquella situación desde su punto de vista, ya que aquí en Tyrian siempre se ha usado magia y nunca ha pasado nada por ello. Pero todos allí presentes sí que lo entendieron.
– Pero Su Majestad ¿prefiere poder entrar en guerra con Tyrian y que puedan morir muchos más inocentes a que nadie muera aunque muchos hablen de lo sucedido?
– Mira, –el rey se levantó agotado de todo aquello. – lo único que sé es que ese hombre ha usado una runa, estando aquí prohibido y por mucho que insistáis de que es inocente, tampoco hay pruebas de lo contrario.
– ¡¿Qué?!
– ¡¡Llevaos este hombre a la plaza, que la gente debe estar cansada de tanto esperar!!
A la fuerza empezaron a llevarse a mi padre al tiempo que Priscilla y yo intentábamos ir a su lado queriendo detener aquello sin saber cómo.
– ¡Deteneos, Su Majestad, no puede hacer eso! ¡No puede!
– Nadie es quién para decirme lo que puedo y lo que no puedo hacer. Así que calla, ¿o quieres que también se te castigue con tu vida por traidor?
Seguidamente, Jerath con gran habilidad se soltó de los soldados que le tenían agarrado y corriendo se plantó delante del rey y de los soldados que tenían a mi padre.
– Entonces, tomad mi vida.
Aquello nos dejó a todos estupefactos.
– ¡¿Cómo?! ¡¿Te has vuelto loco?!
– Su Majestad, queréis a toda costa una vida por lo que ha sucedido. Si os parezco un traidor por defender unas personas que creo firmemente que son inocentes y a las que no conviene quitarles la vida, tomar la mía. Si con ello consigo que Sir Thiago, su hijo y su sobrina vuelvan a sus tierras y se evite una guerra, tomar mi vida. Os lo ruego, dejarles marchar.
– No he visto Goei tan necio como tú, pero si es tu último deseo, que así sea.
Soltaron a mi padre y cogieron a Jerath.
– ¡Jerath, ¿pero por qué?! –mi padre, que no quería que le quitasen la vida y se formase una guerra, tampoco quería salir con vida si con ello tenían que quitarle la vida a otro hombre inocente y precisamente el hombre que trajo de vuelta a Priscilla. – ¡¿Cómo puedes estar dispuesto a esto?!
– No os apuréis… También fue mi culpa por recomendaros venir hasta aquí para poder pedir ayuda a Su Majestad… No imaginé que se negaría ni que usted llegaría a usar ninguna runa, y al fin y al cabo conseguí por mí mismo rescatar a vuestra sobrina…
– Jerath… ¿Y qué hay de tu familia?
Sonrió con mucha dulzura mirando con tristeza a mi padre diciéndole unas últimas palabras, y sin poder hacer nada, el rey nos amenazó diciendo que saliéramos corriendo de allí y que no pisáramos Galyen nunca más, pues si éramos vistos, irían a por nuestras cabezas. Unos soldados, apuntándonos con sus lanzas, nos hicieron ir por otro lado del castillo saliendo de su interior sin cruzarnos con toda la gente que esperaba ver ‘justicia’. Rodeamos el lugar sin ser vistos pudiendo ver cómo el rey tachaba de traidor a Jerath y cómo mandó al general Arkabeko a hacer tal ejecución. Ni Priscilla ni yo quisimos ver aquello, pero mi padre insistió ya por cuestión de honor.
Tras aquello, debíamos ir cuanto antes a Tyrian pero decidimos pisar antes Sereyad y visitar la familia que había dejado Jerath. Recuerdo perfectamente cómo una mujer, madre de dos niños de más o menos la misma edad que Saya y Tsuyo que solían estar con ellas, le daba una bofetada a mi padre al tiempo que se fue intentando aguantar las lágrimas tras saber lo sucedido.
Mi padre no podía dejar de observar a las niñas y se puso en cuclillas para hablar pero le fue imposible. Curiosamente, Saya vio el dibujo de su runa y puso su mano en ella:
– Me gusta. –dijo muy inocente haciendo sentir más mal a mi padre.
– Saya… Por culpa de esto, tu padre se ha ido y no va a volver nunca más…
Como si Tsuyo lo hubiera entendido, también puso su pequeña mano sobre la runa. Mi padre conmocionado quería hacer algo por ellas. Sabía que ellas podrían salir adelante porque tenían amistad con otra familia que siempre se haría cargo de ellas, pero le preocupaba mucho la madre a la que no podrían tratar a menos que tuvieran una buena suma de dinero y no quería que las niñas se quedasen también sin madre. Les dio el poco dinero que llevaba encima haciendo concienciar a Saya que debería reunir más para lograr que su madre tuviera oportunidad de curarse, pero como aquello le pareció insuficiente decidió darle la runa. Fue entonces cuando supe de él que había estudiado en sus buenos tiempos sobre runología y sabía poner y sacar runas del cuerpo. Cualquiera lo habría visto como una mala idea sin embargo yo creo que fue un detalle:
– Saya, quiero que tengas esto. Es una runa viento y tiene magia curativa. Dudo que cure del todo a tu madre pero podría aliviarla y hacerle sentir mejor. Que pueda aguantar hasta que podáis pagarle un médico que la pueda curar del todo ¿de acuerdo? –ella asintió. – Así que deberás practicar con la runa, pero escúchame muy atentamente. Escúchame Saya, no permitas que nadie te vea, que nadie descubra que tienes una runa, porque en tu reino, Galyen, se castigan a quienes tienen una. Es una carga muy grande pero quiero que comprendas que lo hago para que tu madre tenga una oportunidad y porque a mí no se me permite estar aquí. Debo marchar…
Tras una dura despedida al fin logramos volver a casa y aún hoy día sigo sin entender porqué sucedió todo aquello y no he parado de pensar que aunque no sepa lo que sucedió con la familia real, algo debió haber ahí. ¿Llegamos allí acaso en el momento más inoportuno y se pagó con nosotros?
Cuando Lord Lachlan supo todo lo sucedido, montó en cólera queriendo declarar la guerra a Galyen, pero mi padre logró detenerlo:
– No, hermano, no. Estoy aquí hoy pudiendo conversar contigo gracias a un hombre que ha dado su vida por mí, porque creía en nuestra inocencia y para poder evitar una guerra. Así que por ese hombre y la familia que dejó atrás, no lo hagas, por favor.
No se declararía la guerra pero decidieron que el nombre de Jerath se hiciera conocer por lo que hizo y es algo que fue relativamente fácil hacer llegar a la gente ya que mi padre era muy querido.]

– Así que ya ves cuál es la historia, Tsuyo. También es cierto que después de todo aquello, en Tyrian empezaron a haber problemas, tejemanejes en política… Lord Lachlan murió por desconocidas causas… a mi padre le pasaron muchas cosas pero duró muchos años, como él diría, hasta que su cuerpo aguantó. Y yo, cansado de todo, me vine a vivir aquí alejado completamente de ese mundo aunque en el fondo deseo que a Priscilla le vayan bien las cosas. Pero esto ya no tiene nada que ver con tu padre.
Tsuyo todavía estaba asimilando la historia con todo detalle. Era muy duro pero ya se había concienciado que así sería. Sin embargo le caló que fuera el señor Arkabeko quien a órdenes del rey ejecutase a su padre. ¿Saya conocía ese detalle cuando entró al Grupo? ¿Arkabeko sabía que tanto ella como Tsuyo eran hijas de ese hombre? No cesaba de preguntarse pero el señor Ragnor le sacó de sus pensamientos:
– Otra cosa, Tsuyo… Esto… He de confesar que tanto mi padre, como Priscilla y yo siempre nos hemos sentido culpables por lo que pasó. Sólo espero que no nos guardes ningún tipo de rencor.
– Eso sería imposible. Además no tenéis la culpa de nada… Entiendo que todo ha sucedido por una serie de acontecimientos y no depende solamente de una persona…
Aquello le calmó pero igualmente no podía evitar sentir tristeza.
– Mirad qué tarde se ha hecho. –comentó mirando la hora. – Creo que por esta noche dejaré que os quedéis aquí.
– No hace falta que se moleste, señor Ragnor. –le dijo Ryoma levantándose.
– Nada, si preferís pasar la noche ahí fuera pasando frío, adelante. Pero si cambiáis de idea, Lord Ryoma y Taiki, id afuera a coger leña.
– ¡¿Qué, por qué?! –protestó Taiki.
– Oficialmente no sois invitados y no tengo nada preparado. Para una cosa que os mando… También os encargaréis de la cena así que quiero que traigáis también patatas que tengo en unas cajas resguardadas del frío al lado del huerto.
– ¡¿Eeeehhh?! ¡¿Y Tsuyo qué?!
– Ella se encargará de hacer camas improvisadas para vosotros. Venga, que se hace tarde.
– Vamos. –Ryoma cogió a Taiki sin rechistar y salieron de la casa a hacer lo que se les había mandado.

El señor Ragnor se encargaba junto a Tsuyo de preparar el lugar en el que iban a dormir.
– Lo siento, pero la única cama que hay la uso yo.
– No se preocupe.
– Alguien podría usar el sofá. Además estaréis junto a la chimenea, no os podréis quejar.
– En absoluto.
– Perdona Tsuyo que saque el tema, pero necesito saberlo. –soltó de repente y con preocupación. – ¿Cómo le fue a tu madre? Ya sabes… con lo de la runa, el dinero y su enfermedad…
– …… –Tsuyo tardó en contestar pero fue muy sincera. – Mi hermana Saya hacía todo lo posible para aliviarle con la runa viento y también para reunir dinero haciendo pequeños trabajos a los vecinos de Sereyad, aunque la familia de mi amigo Taiki también ayudó en lo que podía. No lo recuerdo muy bien, pero me dijeron que gracias a la runa había días que mi madre podía hacer vida normal. A mis cinco años logró por fin tener el suficiente dinero para que acudiera un buen médico pero no pudo hacer nada. Pese a la vitalidad que le daba momentáneamente la runa, tenía una enfermedad que la estaba comiendo por dentro y cuando al fin pudo venir un médico, ya era demasiado tarde. A los días de su visita, mi madre falleció. Me apenó mucho, pero sin duda me dolía mucho más ver a mi hermana porque había hecho todo lo posible por ella, dedicó todo su tiempo en que se curase y todo su esfuerzo no pareció ser suficiente… Si yo no hubiese sido tan pequeña, quizá podría haber ayudado también…
Se le humedecieron los ojos pero hizo el esfuerzo de seguir sonriendo. Ragnor se percató y compartió su tristeza. Quiso decirle un “Lo siento” pero no fue capaz.
Acto seguido llegaron Ryoma y Taiki e hicieron la cena con la ayuda de Ragnor quien se dio cuenta que ambos no habían tocado mucho la cocina. Tsuyo se encargó de la chimenea y terminar de colocar las mantas para dormir. Después de la cena, Ragnor se marchó a su cuarto mientras los demás se acomodaban. Tsuyo se dirigió al cuarto de Ragnor. Había dejado la puerta abierta:
– Señor Ragnor…
– Oh, Tsuyo ¿quieres algo?
– Nada especial, aunque me preguntaba si estará bien, como aquí hace más frío…
– Jaja, claro que voy a estar bien… A propósito… me preguntaba ¿cómo puedes soportar tanto?
– ¿A qué se refiere?
– Has perdido a tu familia siendo tan joven y tienes fuerzas para seguir luchando…
– Por muy duro que sea yo creo que es normal sacar fuerzas para luchar por lo que quieres ¿no? Y aunque haya perdido a mi familia, aún no la he perdido toda, aunque no seamos familia de sangre. Ya que estamos, quiero preguntarle…
Ragnor puso atención.
– ¿De veras cree que de nada sirve luchar? ¿Que hay que conformarse con lo que hay y aguantar? ¿Que así ya vendrán tiempos mejores?
A Ragnor le pilló aquello por sorpresa.
– Verá… Puedo entender que uno no dé el paso para salir a luchar, sea por miedos, inseguridades, porque no sepa cómo dar ese primer paso… De hecho yo he acabado aquí como empujada por el destino, por una serie de cosas que casi sin darme cuenta me han llevado aquí, pero a veces pienso que si no me hubiera pasado nada de esto, quizá me hubiera costado decidirme a luchar. Pero me cuesta entender que por el simple hecho de pensar que uno no puede hacer algo, que sin ni siquiera intentarlo con todas sus fuerzas porque pueda pensar que nada sirve, simplemente se conforme y se aguante con lo que hay, independientemente de lo que suceda. Yo también creo, quiero que vengan tiempos mejores, pero para ello deberían de cambiar muchas cosas que por ahora difícilmente se solucionarán por sí solas y puede que hasta entonces mucha gente inocente suframos sus consecuencias.
– ¿Acaso intentas convencerme de que me una a tu causa, a tu ejército?
– No. Sólo hablar de ciudadano a ciudadano que se ha visto salpicado por quienes llevan nuestros países. Y porque quisiera entenderle. Seguramente desde su punto de vista mi lucha no sirva de nada y puede que hasta piense que me podría suceder algo, pero yo prefiero luchar e intentarlo. Ojala mi lucha dé sus frutos y todo salga bien, pero aún si perdiésemos, lo preferiría porque sé que lo habríamos intentado con todas nuestras fuerzas ya que desde mi punto de vista el conformarse es igual a resignarse, a abandonar; prácticamente les da la victoria al otro bando sin que nadie haya movido un dedo y como si nada de lo que pase o hagan le importase porque simplemente piensa que hay que aguantar. Dígame ¿es feliz? ¿Es feliz estando aquí dando la espalda a su propio mundo? ¿Es feliz sabiendo que ahí fuera hay gente que sufre por ‘nuestros líderes’?
Ragnor recapacitaba todo lo que le había dicho y se quedó en blanco ya que nunca se había hecho esas preguntas. Pero no le respondió, de hecho por su mente se le pasó una imagen de Tsuyo siendo una chica prepotente que pretendía darle lecciones, pero reflexionó y le preguntó:
– Esos líderes estarán haciendo sufrir a la gente ¿pero acaso has pensado que por tus ideales, por tu lucha, también sufre gente?
– En una lucha como la mía supongo que es inevitable que nadie sufra, pero hago lo posible para que por mi parte se sufra lo menos posible. La gente que está conmigo viene por voluntad propia sin que yo obligue a nadie y cada uno se conciencia de lo que puede acarrear, ya no sólo para nosotros, sino para gente del bando enemigo que nada tenga que ver, e incluso con terceras personas. Cada día lo pienso y llevo en mi corazón a esa gente pero es precisamente por esa gente que aún puedo permitirme menos el abandonar y porque entre ellos hay gente que lo dio todo por esta lucha. Si a mí me llegase a suceder algo, no me gustaría que nadie abandonase esta lucha. Yo no digo que mi lucha sea la mejor, ni mucho menos, y como ya le he dicho no pretendo hacerle venir conmigo. Es sólo que si abandonáramos ¿qué haríamos? ¿Quedarnos resignados, tener que conformarnos? ¿Aún incluso cuando a estos ‘líderes’ parece que les dé igual los derechos de las personas y piensen más en sí mismos y en sus bolsillos? Usted vive muy tranquilamente aquí, por lo que he podido observar, y no parece faltarle de nada, pero hay gente en situaciones muy deplorables.
– ¿Por qué me has contado todo esto, Tsuyo? –Ragnor estaba perdido y no sabía qué decirle.
– Sentí que debía decirlo porque alguien debía decirlo. Porque me doy cuenta que muchas de las cosas que pasan se debe a que se dejan pasar, por el miedo y el silencio. Porque el silencio, al igual que el miedo, son también unos enemigos a los que combatir. Pero lo he dicho sobretodo porque así lo sentí. Y todo lo que hago es porque así lo siento. Porque si hay algo de lo que realmente me lamentaría toda mi vida es de ignorar lo que me dicta el corazón y de quedarme quieta sin hacer nada al respecto. Perdona si he sido muy pesada, pero también espero que sepa comprenderme. Buenas noches, señor Ragnor.
Sin esperar respuesta, Tsuyo volvió para irse a dormir mientras dejaba a Ragnor conmocionado sin poder aguantarse lágrimas que empezaron a resbalar por su rostro y sentándose en el suelo hablaba y recordaba:
– Esas… Esas palabras fueron las últimas de Jerath…
[– Jerath… ¿Y qué hay de tu familia?
– No hay cosa que me duela más el tener que dejarles así pero sé que me puedo ir tranquilo y mi mujer fue la primera en decirme que os ayudara si así lo sentía. Siempre ha matizado en el hecho de actuar desde el corazón y así voy a hacer hasta en el último momento. Porque si hay algo de lo que realmente me lamentaría toda mi vida es de ignorar lo que me dicta el corazón y de quedarme quieto sin hacer nada al respecto.]
– Jerath y Tsuyo… Padre… ¿por qué?…
Ragnor se llevó las manos a la cara y se encogió en el suelo al tiempo que lloraba evocando casi por cada lágrima un recuerdo distinto de su padre dándole consejos, lecciones; dándose cuenta de que él mismo simplemente se apartó de todo ya no sólo para evitarse problemas, sino para evitar tanta responsabilidad y querer vivir una vida tranquila, pero la vida que actualmente tenía no era la que había deseado. Se dio cuenta de que pudo haber hecho muchísimo pero que al final todo fue vencido por inseguridades, miedo, silencio que acabaron transformándose en conformidad ¿o era resignación? ¿Simplemente había renunciado a todo sin verlo nunca como tal?


Por la mañana, Tsuyo y Ryoma se habían levantado pronto y aprovecharon para dejar recogida la casa de Ragnor teniendo que levantar a la fuerza a Taiki. Ragnor no bajaba pero decidieron hacer el desayuno para todos, así él no tendría que molestarse en ello.
– Menudo rollo, –decía Taiki. – ahora nos tendremos que marchar sin haber conseguido nada. Qué viaje más tonto…
– Parece que no sepas que no se puede conseguir todo lo que se desea… –le comentó Ryoma pasándole un cubierto.
– Lo sé, pero no puedo evitar sentirme molesto cuando no se consigue, sobretodo en temas tan importantes… Jo… Tsuyo ¿no dices nada?
– Pues no sé… habrá que buscar otro plan. –propuso con total calma.
Pronto escucharon los pasos de Ragnor acercarse a ellos dejando algo desconcertados a los tres ya que se presentó ante ellos con cara de no haber descansado nada.
– Señor Ragnor ¿se encuentra bien? –preguntó Ryoma a lo que Tsuyo contestó:
– Ya me preguntaba yo anoche si iba a descansar bien… ¿mucho frío?
Ragnor hizo gestos con la mano señal de que no le hablasen y tomaron el desayuno sin hablar. Una vez Ragnor terminó, pareció recuperar fuerzas:
– Con el estómago lleno se está mejor. –se levantó y marchó de nuevo a su cuarto. Ninguno de ellos tres entendía nada, quizá simplemente era así.
– ¡Ni siquiera ha dado los buenos días! –soltó Taiki mientras limpiaban los platos.
Al poco, Ragnor volvió a aparecer y Ryoma sentía que debía consultarle un detalle:
– Señor Ragnor, si hemos causado algún tipo de molestia a…
– ¡Sshh! Calla, calla. Estoy así porque apenas he dormido, y no por frío. –miró a Tsuyo. – Sino porque tenía muchas cosas en mi cabeza.
– Supongo que ya va siendo hora de que nos vayamos.
– Eso, marchad y no volváis a menos que me lo hagáis saber con antelación. Pero antes, Tsuyo, ten, coge esto.
Ragnor le dio a Tsuyo un pergamino escrito. Ella se preguntó qué podría ser pero enseguida cayó en la cuenta y emocionada quiso preguntar:
– Es… ¿Esto es…?
– Sí, sí, es eso. Pero largaos ya de aquí que tenéis cosas que hacer y ya estáis tardando.
– Muchas gracias.
– No hace falta que me las des.
Ryoma, Taiki y Tsuyo montaron en caballos y marcharon rápidamente de vuelta al Castillo Dragón, preguntándose por el camino porqué Ragnor había cambiado de opinión, aunque tan sólo Tsuyo pudo hacerse una idea de ello no contó nada, simplemente agradeció el gesto.

Ragnor no esperó a perderlos de vista para cerrar la puerta. Se quedó apoyado en ella dirigiendo su mirada hacia arriba sin mirar nada en especial.
– Padre… Sé que te he llevado la contraria muchas veces y seguramente no he obrado muy bien, pero hoy coincido contigo en muchas cosas y creo que tienes razón…
[– Incluso en la más intensa oscuridad siempre hay una luz de esperanza. El problema es que mucha gente no le da importancia y se centra más en toda la oscuridad que hay alrededor, otros la ignoran porque creen que no hará nada, algunos incluso la pisotean porque esa luz, por pequeña que sea, ya les molesta. Si un día tú ves esa luz, hazme el favor de prestarle atención y ayudarla; hazle el favor de que crezca. Sola será muy difícil que lo consiga porque tendrá que librar una lucha difícil, pero nosotros siempre podremos darle nuestra fuerza, por pequeña que sea nuestra parte. No podemos ignorarla.]
– Quiero creer en ello… Creer en ella…" 

 

**************************** 
¡¡Atención lectores y seguidores!! ¡Pregunta para vosotros!
  
¿Qué 5 personajes de los que os pongo os gustaría que acompañasen a Tsuyo?
(alguno no lo pondré porque no estará disponible)

Shin, Aideen, Ale, Haikun, Sora, Kruma, Taiki, Eros, Danka, Amibe, Juana, Pietra, Mathius, Steve, Minami, Fuji, Carlina, Yaira.

Woo, de los que luchan, sí que hay ya. *_* Me gusta. No os apuréis por los votos, como siempre, cogeré de más votados a menos, si hay empate, que decidan mis dados de rol (risas).

8 comentarios:

  1. Bueno Paula decirte que siempre dices que si es mu largo y tal, pero yo siempre me pondré en contra porque me lo he bebio jajajaj. La historia de padre de Tsuyo increíble
    Con respecto a que personajes elijo son los siguientes:
    Ale: No puede faltar mi super Ale
    Kruma: Junto con Ale me parto con ellos jajaja
    Steve: Nunca viene mal la runa de Agua xD
    Fuji: La mejor ninja tiene que estar tambien pero que atine con el shuriken xD
    El ultimo estoy entre:
    Carlina: Porque siempre la esta liando xD
    Haikun: Porque me parece muy misterioso

    Con tu permiso Paula conforme esten las votaciones decido este último

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    1. xDDDDD Bueno, me baso en que es más o menos largo por lo que ocupa el archivo de word, pero ya debería estar acostumbrada que ya sois muchos que me decís que se hace corto. xDDDD
      Thanks por leerlo!! *_*

      xDDDD Me gustan tus razones por elegir a X o Y. No problem, escoge el último cuando quieras. :3333

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  2. Desde el último episodio se me ha hecho larga la espera, pero desde luego ha valido la pena! :3
    No sé cómo decirlo... Creo que éste es el más profundo de los que has escrito hasta ahora. Las cosas que se dicen, y cómo se dicen, es estupendo y da qué pensar. La parte del pasado me ha encantado ¡el rey se comporta como un... ejem, quiero ser educado >_<

    En cuanto a la lista de personajes:
    - Juana. Estaría bien que saliera de nuevo.
    - Minami. Igual que Juana. Además, nunca se sabe qué podría pasar y tener un médico en el grupo sería de gran ayuda.
    - Danka y Steve. Combinatoria de elementos Fuego y Agua.
    - Fuji. No sé por qué, pero me la imagino haciendo muy buenas migas con Juana xD

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  3. Es muy profundo y te da que pensar. Me ha encantado. ^^

    Sobre elegir personajes, ahora va a ser más difícil que coincidamos mucho, jajaja.
    La lista de Añoño me encanta. xD
    Pero voy a dar oportunidad a otros que se han visto actuar menos.

    Shin, Sora, Juana (iba a agregar a Yaira, pero de momento no necesito escenas arrogantes, jajaja), Minami y Mathius.
    ^^

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  4. Increíble como siempre sobretodo por el pasado y lo que Tsuyo dice a Ragnor.
    Nada nuevo que añadir salvo porque tengo ganas de saber cómo sucedió la muerte de la familia real para entender mejor la situación a la que llegaron Thiago, Jerath y demás.
    También me ha hecho especial gracia la escena de Sasarai con David. Por lo menos hay uno que se preocupa de que haya aparecido un terreno uniendo la isla con el continente.

    Va a ser difícil escoger personajes y eso que no están todos. A Ryoma no lo veo y él lucha ¿se te ha olvidado?

    Aideen: Me gusta y tiene Runa Fuego.
    Steve: Un buen chico con Runa Agua.
    Minami: Médico y para verla en acción.
    Shin: Mago con Runa Oscuridad.
    Kruma: Me gusta y necesita acción sino se bebe todo el alcohol del castillo.

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    1. Pero mon ami!!! ¿Cómo me voy a olvidar de una persona así? xD
      No lo puse en la lista básicamente porque no estará disponible para ir en la party. :P
      Pero sino, por supuesto que lo habría incluído. *-*

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  5. Lo leí el otro dia es fantastico!!! los pelos de punta por esas injusticias y las conversaciones!! ¡continua así! la verdad que a Tsuyo se le puede considerar una chica prepotente que parece que va ahi a dar el discurso de porque yo lo valgo xDDDDDDDDDDDDD
    pero creo que valen la pena.

    mama mia xDDD la lista para escoger es larga y eso que son pocos xDDDDDD
    creo que quedaria mejor que los organizaras por grupos del estilo elige uno o dos de aqui, otros de alli para que se pudieran coincidir mas con los personajes porque te salen tan distintos... xDDDDDDDDDDD

    a ver yo quiero a Carlina para reirme un rato xDDDDDDD a Haikun, a Aideen va, a Amibe y a Shin.
    a ver que equipo sale de todos xDDDD

    -Scath Dearg-

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  6. Gracias a todos. :3
    La verdad que lo que dices, Scath, no es mala idea. Porque es verdad, hay mucha variedad. xD

    Lo que haré ahora es coger los 5 primeros más votados, y los siguientes 5 los usaré para otra ocasión. :3 (aunque como hay empate aquí y allá, me serviré de la 'suerte' también. xD)
    Pero para la próxima, como esto va aumentando, haré grupitos. Aunque si llegan a ser muchos... Supon que son 50, entr 5 grupos para escoger a 5, sigue habiendo 10 pj's por grupo para escoger... xD Ya veré cómo hacerlo.

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